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Durante su estancia en París desde finales de 1851 a principios de 1852, VERDI, sin duda, vio la obra de teatro de Alejandro Dumas, hijo: “La Dama de las Camelias”. El libro había sido publicado en 1848 y desde su publicación había conseguido un enorme éxito. Alejandro Dumas hizo entonces una pieza de teatro cuyo éxito generó polémicas; lectores y espectadores vibran de entusiasmo o de reprobación hacia este personaje de mujer galante. Marguerite Gautier se parece a Alphonsine Plessis, apodada Marie Duplessis, una cortesana de la alta sociedad. Se había impuesto al “Todo-París” por su brillante y refinada personalidad, aunque un tanto enigmática. Alejandro Dumas, hijo, tuvo una aventura amorosa con ella. Cuando murió en 1847 a la edad de 23 años, éste sintió la necesidad de contar este episodio, modificándolo un poco. Hizo intervenir el personaje del padre con el fin de justificar el final de la aventura amorosa. Si la obra obtiene tal éxito, es porque se inscribía perfectamente en aquella sociedad frívola parisina donde las fiestas sucedían a las fiestas, frivolidad bajo la cual podían esconderse los sentimientos profundos y exacerbados, exprimidos con lirismo, por los románticos. Bajo Marguerite Gautier aflora el mito de la mujer que el amor conduce al sacrificio, sacrificio que lleva en sí la redención. Se dijo que VERDI eligió el tema de “La Dama de las Camelias” porque su vida privada, en ciertos aspectos, era un poco la misma historia. Vivía, hacía ya algunos años, con Giuseppina Strepponi, una famosa soprano (había cantado en “NABUCCO”), cuya carrera fue breve. Esta situación le condujo a actitudes y críticas muy desagradables; la sociedad de Bussetto no consentía las relaciones extramatrimoniales, y Giuseppina Strepponi que había tenido dos niños de una anterior aventura con un tenor, era juzgada tan severamente como “Violeta”. Una carta de VERDI a Barezzi en 1852, nos revela todo su rencor hacia sus conciudadanos que se ocupaban de lo que no les importaba. Pero es, sin duda, más justo pensar que a VERDI le atrajo simplemente este trágico destino, al igual que le había atraído el de Gilda en “RIGOLETTO” o el de “Luisa Miller”. El romanticismo se alimenta de los amores infelices, de los sacrificios aceptados, en fin, dicho de una manera general, de todos los tormentos del alma. Marguerite Gautier se vuelve Violeta. Adquiere una potencia emocional extraordinaria quitándose de encima todo lo que no sea expresión de lo esencial, de todo lo anecdótico. VERDI se esfuerza en revelárnosla tal como vive, y no tal como aparece en sociedad. Por lo que VERDI hace un pasaje rápido sobre su posición social de cortesana, y una puesta al descubierto minuciosa de su amor, de su sufrimiento y de su sacrificio. “LA TRAVIATA” es la ópera del “intimismo“. VERDI la compone rápidamente, casi al mismo tiempo que “IL TROVATORE”. |
En aquel entonces es contrario a las costumbres, elegir un tema contemporáneo. Así, aunque VERDI se oponga a ello, la historia se sitúa a principios del siglo XVIII. El estreno, el 6 de Marzo de 1853 en el Teatro La Fenice de Venecia, es un fracaso estrepitoso. VERDI no se extraña. El tema es escabroso para la época y choca a una sociedad pudibunda. A. Basevi, un gran crítico, reprochará aún en 1859 a VERDI haber vuelto “afable un tema inconveniente “. En cuanto a la interpretación, es más que mediocre. Graziani que canta Alfredo está ronco. El barítono Varesi juzga su partitura sin interés y no hace ningún esfuerzo; y Salvini-Donatelli, con una corpulencia más que rolliza no es creíble en el papel de Violeta, sobretodo en la escena final. El reestreno, al año siguiente, ante el público de San Benedetto en Florencia, dio la razón a VERDI, que apostaba sobre el tiempo para juzgar su obra a su justo valor. Desde entonces, todas las grandes cantantes han querido encarnar a “VIOLETA”, una de las heroínas más populares del repertorio lírico. |
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