Sin duda que 1891 marca una serie de acontecimientos en la vida teatral madrileña. Chapí volverá al Teatro de la Zarzuela con un nuevo éxito, El Rey que rabió, de nuevo en compañía de Ramos Carrión y junto al asturiano Vital Aza. Previamente a esta obra. El 10 de enero en el Teatro Apolo Chapí, de la mano de José Jackson Veyan ofrecía Los trabajadores Jackson Veyán, con quien Chapí realizaba su primera colaboración, hijo del actor y escritor Eduardo Jackson Cortés, era un año más joven que Chapí. Su carrera la había iniciado como colaborador de la revista La Guardilla Artística, pero su fama venía del estreno, junto a Fernández Caballero, de Chateaux Margaux en 1887. Su relación con Chapí fue de lo más prolífica, especialmente junto a López Silva.

El acontecimiento musical y culminante de 1891 fue el estreno de El Rey que rabió. Madrid Cómico había acusado a Vital Aza y Ramos Carrión de haber plagiado el tema de Un roi en vacances. Requerido el conocimiento de esta obra de Juan Martínez Villegas, éste confirmó que tenía muy pocos puntos en común. Los libretistas de Chapí, e incluso el mismo compositor, estuvieron sometidos en numerosas ocasiones a acusaciones de plagio, lo cual era bastante habitual en el momento en que los derechos de autor estaban relativamente protegidos en nuestro país. El Rey que rabió se consagró como el estreno más importante del año. El tenor Eduardo Berges, que había ofrecido las primeras audiciones de La Tempestad y La Bruja, se había establecido como empresario del Teatro de la Zarzuela en un momento crítico para el genero grande". De hecho, en el teatro de la calle Jovellanos alternaban funciones dramáticas sin música con representaciones por horas.

Según comenta Arimón, El Rey que rabio «anunciada con muchos años de anticipación como obra casi terminada, al fin ha llegado a constituirse una empresa, con el exclusive propósito de ponerla en escena, calmando así la impaciencia del publico por conocerla. El Sr. Berges ha pasado, por decirlo así, toda la temporada con las obras del repertorio corriente, logrando a la postre y tras no pocos sacrificios, salirse con la suya, representando El Rey que rabio, como tabla de salvación para la empresa que dirige». Berges, en lógica decadencia vocal, había reunido un reparto importante en el que destacaban Almerinda Soler di Franco, buena conocedora de la obra de Chapí, y Encarnación Fabra.

El libreto esta sin duda inspirado en el mundo de la opereta francesa. Pena y Goñi señala que «El Rey que rabio es un termino medio entre La Tempestad y La Bruja y las zarzuelitas de Chapí. Y lo es porque el libreto de Ramos Carrión y Vital Aza es un puente entre la zarzuela y la opereta bufa, algo parecido -salvo el descoco de la forma- a lo que Meilhac y Halevy hacían para Offenbach».

La acción de la obra tiene lugar en un país de fantasía, a fines del siglo XVIII. Un monarca joven, que acaba de subir al trono, anuncia a sus consejeros responsables que esta dispuesto a estudiar por sí mismo las necesidades de su país y determina abandonar su palacio, disfrazado de pastor y en compañía de su ministro de la Guerra. Se opone el gabinete, aunque no le queda mas remedio que ceder por no verse en el caso de dimitir. El monarca y el ministro se presentan en una aldea inmediata a la corte, y allí comienza para ambos una serie de aventuras que permiten diferentes detalles de comicidad múltiple. El rey se enamora de una aldeana que corresponde a su pasión. Sienta plaza de soldado, abandona el regimiento, se disfraza de segador y vuelve, después de diferentes peripecias, a su castillo, deseoso de premiar el cariño de su amada haciéndola su esposa y compartiendo con ella el trono.

Los cortesanos, en tanto, andan desolados por el país en busca de su monarca, el cual no aparece por ningún sitio. Por una serie de coincidencias, confunden al rey con un pobre campesino, que al refugiarse en una casa de labranza huyendo de sus perseguidores, es mordido por un perro que sirve de guardián a unos labriegos. El supuesto monarca es conducido a palacio con todas la atenciones debidas a su rango, en unión del chucho, que debe ser sometido al examen de los doctores. Al final se descubre el enredo, y termina la farsa después de diferentes elementos.

El libreto fue admirado por los comentaristas. Arimón, tras comentar que dicha obra «hubiera sido tal vez imposible diez o doce años atrás», asegura que «constituye una comedia grotesca y algo apayasada, si se quiere, pero muy divertida, y tratada con todo el arte que cabe dentro del genero especial al que pertenece... La obra envuelve un sentido satírico de primer orden, viéndose de un modo harto claro que sus antores no la han escrito a humo de pajas y si con una intención digna de toda alabanza. El dialogo todo esta sembrado de alusiones que produjeron extraordinario efecto y que a cada instante provocaban sin tasa ni medida las carcajadas del publico. Los chistes se atropellan unos a otros y no dan punto de reposo a quien los escucha».

Bofill, con su característico toque, señala que «ese viaje al país de la fantasía fue ayer muy ameno, muy entretenido. No tuvieron necesidad los autores de trazar previamente el itinerario. del viaje. El publico se deja llevar sin reparo por esos guías, que ya muchas veces le han conducido a los encantadores países donde reina la alegría».

De la música, Pena y Goni afirman que la obra tiene «agilidad, destreza, ingenio, vivez, ductilidad, elegancia, grados medios de la fuerza activa». La obra de «un Offenbach español, y conste que ante el creador del genero bufo hay que quitarse el sombrero, El Rey que rabió, de Chapí, es un preciosa ilustración musical del libreto de Vital Aza y Ramos Carrión. El chiste de Chapi es culto, limpio, distinguido, artístico, para decirlo de una vez. Su arte tiene, no me cansare de repetirlo, lleva el sello de un compositor de raza. En música, como en todas las artes, hay que dominarlo todo si se quiere ser algo».

Y culmina con un panegírico en el que señala que Chapí es «el representante indiscutible de nuestro único genero nacional; el músico del pueblo, de la burguesía y de la aristocracia; el artista que tiene todas las cuerdas en su lira admirable, que posee la nota regocijada, la nota tierna, lo que hacer reír y lo que hace sentir; y todo ello en un cuadro adecuado, justo, con una noción de la media tinta, con un instinto de la proporción que le hacen encerrar sus inspiraciones en una medida donde nada falta ni sobra». Arimón asegura que «la música se adapta perfectamente a las condiciones del poema y toda ella es hermosa e inspirada. Todos los números gustaron de una manera extraordinaria, especialmente el cuarteto de la dimisión, la escena de la risa, el aria de la aldeana, el coro de segadores y el preludio del segundo acto, que fueron repetidos tras las correspondientes tempestades de aplausos. Brillan estas piezas por la novedad y riqueza de sus fáciles melodías y por las filigranas de su rica y vigorosa instrumentación». La interpretación de la obra fue también fue objeto de entusiasmo. Chapí dirigía la orquesta. Bofill, en un artículo posterior señala que «dedique toda mi atención al maestro Chapí, que dirigía la orquesta y era objeto de todas las miradas. Voy a revelar a mis lectores la lucha sorda que han tenido que sostener los músicos de la Zarzuela con sus instrumentos. Hay en el primer acto de El Rey que rabió una composición que puede llevarse el cuarteto de las carcajadas. Siguiendo las inspiraciones de Ramos Carrión y Vital Aza, ha infundido Chapí a su música una hilaridad desatada. Los violines se ríen hasta desternillarse o quebrar sus cuerdas; las flautas lanzan al aire chillidos alegres y regocijados; los trombones hacen ¡ja, ja, ja! con voz sonora, y en aquella algarabía general notaron los profesores de la orquesta que no había manera de atajar de repente el alborozo de sus instrumentos». La obra contó con decoraciones de Muriel y Amalio Fernández .

Los interpretes también alcanzaron el aplauso del publico. Así «Almerinda Soler Di Franco hacía de rey y Encarnación Fabra estuvo muy bien representando el papel de pastora, que luego pasa a ser reina. Tuvo que repetir su romanza del segundo acto y unos bonitos couplets coreados que canta en medio de las segadoras. De Berges ya he dicho que desempeñó la parte de un pastor enamorado de Rosa. Es un Jeremías que hace reír a fuerza de llorar por sus amores. En este papel, de carácter cómico, fue Berges muy aplaudido. Tiene en el segundo acto un racconto bastante difícil, y es, en fin, un personaje de importancia en toda la obra. Banquells es infatigable. Hace el papel de general y dice cosas graciosísimas. El señor Jimeno esta en carácter haciendo el tipo de un capitán que tiene rasgos de bastante ingenio».

El Rey que rabio es una opereta de corte vienes, siguiendo los modelos de Suppe y Strauss. Todas las características al uso de la opereta que hacía furor en la capital austriaca son perceptibles en la obra de Chapí. Desde la inclusión de danzas típicas (polkas, valses o minués) hasta el efecto colorista foráneo que aquí". en nuestro caso, viene determinado por la escena de las embajadas, tiene una procedencia vienesa. Cuenta con un preludio y diecinueve números, algunos de ellos subdivididos y, en general, bastante breves. Vocalmente cuenta con varios personajes, aunque los cuatro principales, el Rey, Rosa, su primo y el general pertenecen a los tipos vocales característicos de triple 2s, triple I", tenor cómico y bajo cantante. Los roles de jovenzuelos, como ya hemos hecho notar, solían ser encarnados por triples graves, procurando siempre el compositor destacar su zona central, mientras que en el caso de las mujeres casi siempre se buscan triples que se puedan mover mejor en el registro agudo. La carencia de tenores líricos dedicados a la zarzuela (un mal endémico que solo a finales de siglo se vio parcialmente solapado), obligaba a los compositores a este tipo de argucias, salvando artísticamente lo que escénicamente resultaba inverosímil.

El primo Jeremías fue escrito pensando en Berges. El, que había sido uno de los mejores tenores líricos de la zarzuela moderna, en el comienzo del deterioro de sus facultades, opto por un rol cómico. El general es como en casi todo los papeles de autoridad, un bajo central, sin demasiados graves ni agudos, lo que en la opera italiana llamamos «bajo cantante». El coro tiene una importante presencia, lo mismo que la orquesta. aunque, a pesar de no contar con datos los suficientemente fidedignos, podemos sospechar que la formación que estaba en el foso de El Rey que rabio era muy distinta que la que tomo parte en el estreno de La Bruja, por lo simplificado de su escritura, que había de una formación menor y técnicamente mas deficiente, aunque Chapí se adapte de una manera increíble a sus posibilidades, en una de sus partituras mas refinadas.