En 1850, la famosa ópera de Venecia, el Teatro Fenice, recomendada por el libretista Piave, se dirige a Verdi con el objeto de solicitarle una nueva ópera para la temporada de primavera de 1851. Verdi toma en consideración diferentes temas: KEAN de Dumas, GUZMAN EL BUENO de Tomas de Irite y EL REY SE DIVIERTE de Victor Hugo. Este viene a ser muy pronto el favorito. En la pieza de Hugo, Verdi encontró lo que a menudo describió en sus cartas como el móvil de sus óperas: "Necesito una pieza breve con mucha tensión, mucho movimiento y muchísima pasión…"
Piave puso manos a la obra. Aseguró a Verdi que las autoridades austríacas de la censura, a menudo tan severas y de las que dependía en la mayor medida el Teatro Fenice, no pondrían objeciones a la pieza de Hugo transformada en ópera.

En Abril de 1850, después de breves negociaciones sobre la suma exigida por Verdi en concepto de honorarios, quedaron establecidas las condiciones contractuales, y a fines de ese mismo mes de Abril quedó suscrito el contrato. El trabajo del libretista empezó a adquirir contornos precisos. Debía anticiparse al del compositor, pues éste no sólo necesita tener preparado ya el desarrollo de las escenas, sino también familiarizarse en gran medida con la forma del verso y en lo posible con lo que se dirá en los momentos importantes, antes de comenzar con la composición propiamente dicha.

El 3 de Junio de 1850 Verdi consulta por escrito a Piave sobre el título de la nueva ópera: "…Si no puede llamarse EL REY SE DIVIERTE, que sería el título más bello, tendría que llamarse necesariamente LA MALDICION. Este título abarca el drama y hasta posee grandeza moral…"
Todo parecía transcurrir conforme a las pautas normales. A medida que avanzaba en sus estudios y trabajos preparatorios, lo cautivaba con más fuerza el tema que había elegido. No le interesaba tanto el licencioso rey, sino "la maldición del anciano", esa exteriorización de desesperación del padre encarcelado que clama venganza al cielo para castigar al ladrón de su hija y luego la hace extensiva al cínico bufón que se burla de él. Y el cumplimiento de la maldición que llega fatalmente, pero sin llenar el anhelo de justicia, haciendo, al contrario, más trágica aún la tragedia que se ha desatado en varios focos. Es esta maldición lo que Verdi compone en primer lugar. Según rezaban las ordenanzas, el Fenice debía someter a las autoridades de la censura el "programa" de la nueva ópera y en lo posible el libreto ya elaborado. Por consiguiente, instó a Piave a que le presentara ambos elementos. El 5 de Agosto de 1850 Piave envía por fín el programa y promete que el texto seguirá con brevedad.

Durante un largo tiempo parece no producirse nada en cuanto al problema de la autorización. El 21 de Noviembre de 1850, la censura dá por fín su veredicto sobre LA MALDICION. Deplorando que el poeta Piave y el famoso Maestro Verdi no hayan sabido elegir otro tema para mostrar sus talentos, que el de una moralidad repugnante y una trivialidad obscena como lo es el argumento de este libreto, ordena prohibir absolutamente la representación. La desesperación de Verdi es comprensible. Le impiden cumplir un contrato, y aunque la culpa no resida en él, lo agobia no poder mantener la palabra empeñada.

 
 

Es significativo que aún en esta desesperación, quiera resarcir a la otra parte, el Fenice, del gran daño. Le ofrece a cambio su nueva ópera, Stiffelio, que Venecia no conoce aún y que él se compromete pulir con todo esmero.

Sin embargo, en Venecia, los pocos días que mediaron entre el decreto y la oferta de Verdi bastaron para aplacar la cosa. El director de policía, el secretario del Fenice y el libretista Piave celebraron una reunión. Enseguida fueron al meollo de la cuestión: si remplazaban al rey por otra persona, el texto se vería bajo una luz diferente. Con las debidas precauciones comunicaron a Verdi el nuevo plan y de paso se discutieron algunas otras objeciones de la censura. Piave y el secretario del Fenice viajan a Busseto y allí, el 30 de Diciembre, se acepta un protocolo que lleva la firma de los nombrados y la de Verdi. Los caballeros ordenan en seis puntos todo lo que dará por hacer por su parte y lo que se presentará a las autoridades una última vez.

Todo se desarrolla a partir de ese momento con la máxima celeridad y sin tropiezos. El 19 de Enero de 1851 Verdi dice en una carta, estar "felicísimo" porque por fin las autoridades han aceptado RIGOLETTO después de tanto ir de aquí para allá. Ese será el nombre de su ópera. El histórico Triboulet se italianizó en Triboletto y de esta forma surgió el nombre definitivo que adorna hoy esta ópera.
En Enero de 1851, el libretista y el compositor todavía estaban puliendo la nueva ópera. Verdi manifiesta una serie de deseos que señalan hasta qué punto se ocupaba de los menores detalles de cada obra, cómo repasaba las situaciones, los personajes, hasta las palabras, una y otra vez, para darles una forma perfectamente lógica.

Por fin, el 19 de Febrero de 1851, Verdi viaja a Venecia. Apenas llegado, comienza a trabajar con los cantantes, en gran medida familiarizados ya con sus papeles. Ellos trabajan con celo fogoso. Intuyen que han sido elegidos para llevar a la gloria a una obra maestra. El propio Verdi empieza a participar de esa impresión.
El público comparte su opinión: la noche del 11 de Marzo de 1851, el júbilo de los espectadores no tiene fin. Y RIGOLETTO se representará otras veintiuna veces en la misma temporada. Durante algunos días Verdi disfruta del hechizo de la singular ciudad, por todas partes lo reconocen y admiran, escucha a los gondoleros cantar "La donna è mobile". Aunque la critica juzga severamente el tema, nada pudo contener la marcha triunfal de RIGOLETTO.

En Venecia, tuvó más representaciones en la siguiente temporada que en la primera. Otros teatros de Italia rivalizaron inmediatamente por presentarla; varios de ellos tuvieron que luchar duramente con la censura, como había sucedido en Venecia, y RIGOLETTO hubo de ocultarse detrás del velo de otros títulos: Viscardello, Clara di Perth, Lionello y, asimismo, hubo que introducir cambios en el argumento. A Verdi le rechinaban los dientes cuando se enteraba de ciertas mutilaciones, pero nada podía hacer para impedirlas. Al cabo de un año, RIGOLETTO se representó ya en muchos escenarios extranjeros y en menos de un lustro, la ópera había dado la vuelta al mundo.
Con RIGOLETTO comienza una nueva era en la creación de Verdi. Sin llegar jamás a negar el bel canto, nace el dramaturgo musical Verdi.