Acto II

En un salón del palacio ducal.

El Duque se lamenta de no haber encontrado a Gilda en su casa. Sus cortesanos le cuentan la historia del secuestro; se han llevado a la jovencita al palacio. El Duque comprende rápidamente que se trata de la misma jovencita; se da prisa en reunirse con ella. En esto, llega Rigoletto; busca a su hija. Los cortesanos se burlan malignamente de el. "Cortigiani, vil razza dannata". Una puerta se abre: Gilda se precipita en los brazos de su padre. Ahora están solos. Gilda se lo cuenta todo; su padre trata de consolarla. El Conde Monterone pasa, escoltado por sus guardias que le conducen a prisión donde debe ser ejecutado. Rigoletto piensa en la maldición. Jura vengar a su hija.