En MANTUA en el siglo XIV

 

 

Acto I

 

En un salón del palacio ducal.

Se oyen risas y música. El Duque y Borsa salen a escena. Hablan de una joven desconocida que ha visto en la iglesia. (Se trata de Gilda, la hija de Rigoletto el jorobado). El Duque está deseando conocerla. Mientras tanto, se reune con la Condesa Ceprano a la que corteja abiertamente a pesar de la presencia de su esposo. Siempre hace lo que quiere, sin preocuparse por los demás. De todas maneras, para él, todas las mujeres son iguales: "questa o quella per me pari sono". La música es tan ligera como el caracter del Duque. Rigoletto llega; se burla del Conde Ceprano que mira a su esposa salir cogida del brazo del Duque. Marullo anuncia a todos que Rigoletto tiene una amante. El Conde Ceprano les propone vengarse a la noche siguiente de todos los sarcasmos que deben aguantar del jorobado. La música, muy alegre, está de repente interrumpida por la voz del Conde Monterone que acusa abiertamente al Duque de haber deshonrado a su hija. El duque de Mantoue le hace detenerse. Rigoletto se burla cruelmente de él. El Conde Monterone le maldice. Es el tema de la maldición que surge, el principal tema de la obra que le dió al principio su título.

 

En la calle donde vive Rigoletto. 

Volviendo a su casa, por la noche, Rigoletto recuerda la maldición de Monterone. Está preocupado. Se encuentra con Sparafucile, matador a sueldo, que le propone sus servicios. A solas, Rigoletto piensa cuánto se parecen; el uno tiene de arma las palabras, el otro el puñal. El pensamiento de la maldición le obsesiona siempre y no se va, incluso cuando su hija le recibe afectuosamente en el umbral de su casa. Su padre le dice que tenga cuidado; ella le tranquiliza. Sólo sale para ir a la iglesia. Rigoletto insiste a su criada Giovanna para que la vigile con atención. Oyendo un ruido afuera, se precipita a la puerta. El Duque disfrazado de estudiante, tira una bolsa a Giovanna, entra y se esconde. Rigoletto se despide de su hija y repite sus recomendaciones a su criada. El Duque sale de su escondite, se tira a los pies de Gilda y le declara su amor. Gilda le escucha maravillada. Después de haberse ido el Duque, los nobles llegan para perpetrar su venganza. Quieren secuestrar a la mujer que se figuran es la amante de Rigoletto. Surge éste. Le explican que van a secuestrar a la Condesa Ceprano y para convencerle le enseñan la llave que poseen. Rigoletto acepta ayudarles. Marullo le pone una máscara. Asi Rigoletto va a participar al secuestro de su propia hija. Una vez sólo, Rigoletto arranca su máscara, ve su puerta abierta de par en par: ¡maldición!