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En el otoño de 1899, PUCCINI [«TOSCA» no había sido acabada] pide a ILLICA leer «PELLEAS Y MELISANDE» de MAETERLINCK y «LA FAUTE DE L'ABBE MOURET» de ZOLA... Pero estos temas ya habían sido escogidos por DEBUSSY y MASSENET; otras obras se toman en consideración: BALZAC, PIERRE LOUYS, DOSTOIEVSKI, VICTOR HUGO... En 1894 hubo conversaciones con D'‘ANNUNZIO: «Desde siempre, he deseado obtener del primer talento de Italia algo original y tierno»; más en 1900 PUCCINI cambia de parecer: ¡Oh maravillas de las maravillas! ¡D' ANNUNZIO mi libretista! ¡Ni por todo el oro del mundo! ¡Demasiado sorprendente y pretencioso para mí !. Se estudia la posibilidad de «TARTARIN DE TARASCON » de ALPHONSE DAUDET. ILLICA hace un plan conciso que PUCCINI se pone a discutir. RICORDI interviene y finalmente toda esta fiebre cesa cuando la sociedad de autores anuncia que los derechos no están disponibles. Se reemprende la búsqueda. El tenía desde hace mucho tiempo en cabeza un tema muy atractivo. Las negociaciones irían muy lentas, pero al final se concretaron. La novela «MADAM BUTTERFLY» de John Luther Long había sido un enorme éxito desde su aparición en Estados Unidos. Hacía recordar la novela de PIERRE LOTI « MADAME CHRYSANTHEME ». La historia era un hecho real. En Nagasaki, una joven geisha seducida y más tarde abandonada con su hijo por un oficial de la marina americana. Japón era tema de actualidad a partir de la mitad del siglo XIX. Los Estados Unidos habían conseguido el derecho a utilizar para su comercio dos puertos de poca importancia por medio del despliege de fuerzas militares que convencieron a las autoridades (1854). Más tarde, el tratado de comercio (28/07/1858) les abría inmediatamente dos puertos más, uno de ellos sería Nagasaki. Se multiplicaban los matrimonios de conveniencia de nativos con extranjeros que duraban sólo el tiempo de la permanencia de estos en el Japón. Y es una de estas historias la que se relata en «MADAM BUTTERFLY». El éxito de la novela fue tal que se realizaron numerosas versiones. DAVID BELASCO, autor y escenógrago famoso consiguió los derechos. La obra representada en Nueva York el 5 de Marzo de 1900 fue un completo éxito. El 29 de Abril, en Londres, sucedió lo mismo, y la obra estaba todavía en cartelera cuando Puccini vino al estreno de Tosca en la capital britanica. Aunque no entendía el inglés fue a ver «MADAM BUTTERFLY». Al igual que hizo con Tosca, donde aplaudió sin entender realmente, se emocionó terriblemente con la historia de la pequeña geisha. BELASCO recreaba fielmente cada escena. Los espectadores entraban en la atmósfera del ambiente japonés por medio de proyecciones de paisajes. El clima se conseguía con efectos como una puesta de sol, aparición de estrellas, amaneceres, que duraban 14 minutos. Y todo el desarrollo de la intriga era de esta forma objeto de atención minuciosa y realista. Se entiende, por tanto, que PUCCINI, que buscaba realismo quedara seducido por esta obra. Que la historia se desarrollara en Japón añadía un toque de exotismo interesante. Ciertamente no era insensible a los problemas que tomaban entonces importancia: colonialismo, racismo..., aunque la política no le interesara jamás realmente. RENE LEIBOWITZ escribió : «Como auténtico artista del siglo XX, PUCCINI sabe que los conflictos sociales que oponen en el plan privado representantes de clases diferentes cobran menos importancia, la cuestión de la desigüaldad entre razas deriva en una de las expresiones más importantes y más agudas de los problemas sociales de nuestros dias». Pinkerton representa efectivamente esta problematica: «por todas partes del mundo el yanki viajero festeja y trafica». Anuncia desde el principio que se casa a la japonesa: « Libre de desligarme cualquier mes», y brinda: «por el día en que me casaré realmente con una esposa verdadera... americana». Pero Pinkerton, odioso y antipático, no es el personaje clave; PUCCINI no le concederá mucho interés. En el último momento le añade un aria, ya que ningún gran cantante aceptaba el papel. BUTTERFLY tiene toda su simpatía: «Me gustan los seres que tienen un corazón como el nuestro, hechos de esperanzas e ilusiones, que tienen destellos de alegría y horas de melancolía, que lloran sin chillar y sufren con amargura interior ». Es un personaje femenino, sincero, inocente, fiel hasta morir. Quiere hacer de ella su heroína. « Acepté enseguida », cuenta BELASCO, « y le contesté que podía hacer todo lo que quisiera con la obra y establecer cualquier contrato, porque es imposible hablar de negocios con un italiano impulsivo que tiene las lagrimas en los ojos y los dos brazos alrededor de tu cuello».
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Al final las negociaciones fueron muy laboriosas. Hubo que esperar hasta Abril de 1901 para que el contrato fuera por fín firmado. ILLICA y GIACOSA se pusieron a trabajar. En cuanto a PUCCINI se informa sobre el país. Se reunirá muchas veces con la mujer del embajador de Japón en Italia, estudia el sonido de las voces, la música, las costumbres y la arquitectura del país. La obra se estructuró primeramente en un acto, más tarde en dos y luego en tres. El trabajo estaba muy adelantado cuando Puccini a finales de 1902 decidio reconducirlo a dos actos. Se enfrentó a la oposicion de Giacosa: «Estoy convencido que hay que bajar el telón entre la patética velada nocturna y la reaparición de Pinkerton... Estoy convencido que el hecho de fundir el 2° y 3° acto daría musicalmente, un acto interminable y demasiado artificial...». Como de costumbre Puccini acabaría por convencer a Giacosa. Pero la acogida del estreno haría definitivamente morir esta versión. Cuando el trabajo adelantaba rápidamente, Puccini fue víctima de un accidente de coche. Apasionado por todos los ingenios de motor, fue el primero en Torre del Lago en poseer un coche. Una noche de febrero de 1903 en compañía de su esposa e hijo, el conductor perdió el control del vehículo. Nadie resultó seriamente herido; solo Puccini tuvo una pierna rota. La lentitud de la curación hizo descubrir su diabetes. Evidentemente «MADAMA BUTTERFLY» se resentía del estado de salud de su compositor: « Noy nada más que yeso... » el escribía, y el trece de mayo a la atención de Illica: « ¡No podeís saber lo que siento!... ¡adiós a todo, adiós a Butterfly, adiós a mi vida!»... Ricordi extrañado por la lentitud de la convalecencia, sospecha que Puccini haya contraído una enfermedad venérea. Desde hacía mucho, le advertia en contra de sus numerosas aventuras. Le escribía: « ¿Pero no es decente, que un hombre como Puccini, un artista que emociona a millones de personas y las hace llorar por el poder y el encanto de su creación, pueda transformarse en un juguete ridículo y feo en las manos vulgares de una mujer artificial y despreciable?... » (31 Mayo 1903). La amistad que Ricordi le manifestaba en la misma carta permitió más tarde una explicación y la continuación de relaciones muy amistosas. Puccini reconoce, (en carta a Illica): «El afecto que tiene por mí se transparenta en esta carta y es una gran consolación». En el verano de 1903, Puccini se instala en Boscolungo en los Apeninos; se encuentra mucho mejor aunque siga andando con dos bastones. Trabaja en su ópera. El 29 de Agosto anuncia que el estreno podría ser fijado para la próxima cuaresma. El 27 de Diciembre de 1903, MADAMA BUTTERFLY estaba terminada. Había necesitado tres años y algo más.
El 17 de Febrero de 1904 el estreno en la Scala de Milán fue esperado con confianza. Pero fue una decepción monumental. RICORDI escribió en «Musica e musicisti» de marzo de 1904: «Gruñidos, gritos, risas, cloqueos, los habituales bises aislados, gritados para excitar más al público; esto es lo que resume la acogida acordada por el público de la Scala a la nueva obra del Maestro GIACOMO PUCCINI. Después de este alboroto, durante el cual no se pudo oir prácticamente nada, el público dejaba el teatro en la gloria... el espectáculo dado en la sala parecía tan bien organizado como el que se desarrollaba en el escenario, ya que empezó precisamente al principio de la ópera...». Al día siguiente Puccini escribía: «estos caníbales no han escuchado la menor nota -¡que grupo de locos sedientos de odio! », y más tarde «este estreno ha sido un infierno dantesco bien preparado...». Parece en efecto que todo este barullo fue cuidadosamente orquestado. Puccini era célebre, los envidiosos no faltaban. Había que pagar a la claque para asegurarse la calma en la sala, y de igual manera para provocar el peor de los escandalos. En 1901 CHALIAPINE cantó Mefistofeles de BOITO en este mismo escenario; y contaba: «En esta época en todos los teatros de Europa, la claque era una institución. El jefe de claque reservaba localidades en diferentes lugares e instalaba a sus agentes. Si el jefe recibía una buena retribución, sus agentes aplaudían frenéticamente y daban a la representación la apariencia de un éxito popular. Pero si no se encontraba satisfecho, o si se negaban a plegarse a sus exigencias, provocaban perturbaciones - silbidos, bromas obscenas, insultos - …» PUCCINI, ILLICA, GIACOSA y RICORDI, de común acuerdo decidieron suspender las representaciones e indemnizaron al teatro. PUCCINI no desconfiaba. Pensaba que la obra, despúes de algunas modificaciones, sobre todo un recorte en 3 actos, podría ser un exíto en un teatro más íntimo y alejado de los corrillos teatrales: «MADAMA BUTTERFLY está viva, resucitará pronto. Lo digo y lo repito con una fé inconmovible…» Diferentes lugares fueron considerados. TITO RICORDI propuso finalmente el teatro de Brescia. El 28 de Mayo 1904 en el Teatro Grande de Brescia, «MADAMA BUTTERFLY» fué un triunfo. Lo mismo occurió en el més de Julio en Buenos Aires; todas las grandes capitales se sucedieron. El 28 de Diciembre 1906, con algunos cortes solicitados por la cantante que interpretaría Madama Butterfly, esposa del director de la Opera Cómica de París, la obra fue presentada por primera vez en París. Y como en todas partes, el éxito no faltó a la cita. |
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